Según consignó la agencia WAFA, la cantidad de fallecidos podría incrementarse debido a la gravedad de las heridas de algunas personas. El hecho se produjo mientras las víctimas permanecían en una instalación destinada a los que se retiraron de sus residencias debido a la guerra.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) reconocieron el ataque y señalaron que estaba dirigido a un "terrorista" del grupo islamista Hamás que "representaba una amenaza real para las FDI y, por tanto, ha sido el objetivo de un ataque de precisión". También marcaron que antes de la ofensiva se realizaron "medidas para minimizar los daños a los civiles, incluyendo el uso de armas de precisión, observaciones aéreas e información de inteligencia adicional".
Tras el ataque, ya se registraron 71.388 muertos y 171.269 heridos pese al alto al fuego acordado entre Israel y Hamás. Este tipo de operativos selectivos constituye una parte central de la estrategia de Israel, cuyo objetivo principal es desmantelar por completo la capacidad militar y de liderazgo del grupo islamista.
En tal sentido, el gobierno de Benjamin Netanyahu reafirmó en varias oportunidades que no detendrá sus acciones hasta lograr la eliminación total de la capacidad de combate de Hamás y liberar a los rehenes retenidos en Gaza.