Si alguna virtud tuvo Cerimedo ha sido exponer en toda su monstruosidad el uso criminal de las redes contra la democracia. Ha sido el gran impulsor de Javier Milei, el que sostuvo la ambición más preciada de este personaje que aspira a un liderazgo regional y hasta un lugar preponderante en la red mundial de la ultraderecha. Milei considera “de cabotaje” lo argentino.
Para avanzar en esa línea no puede apaciguar su discurso de odio ajustador y antipopular, naturalizado y sembrado por granjas de trolls, bots, cuentas falsas, influencers y periodistas pagos, una estructura que centralizaba en gran medida la figura de Cerimedo a nivel continental. Cerimedo demostró que los que despotrican contra la política, como él y los outsiders de ultraderecha que lo contratan son los que la ensucian, los que usan el odio, la mentira y la difamación. No porque la política no tenga defectos, sino porque estos discursos nunca dijeron que venían para mejorarla, sino que trataron de reemplazarla con el poder de las corporaciones. No fue solamente Milei. Algunos gobernadores como el cordobés Martin Llaryora contrataron a Cerimedo y hay acusaciones que lo mismo hicieron los gobernadores de Entre Ríos, Rogelio Frigerio y de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.
El Presidente siguió en su retiro de Olivos con esporádicas intervenciones escatológicas en las redes, a la par que se caía el mecanismo histórico de manipulación mediática que lo catapultó. Pero el aparato político que lo sostiene avanzó en el Congreso para mantener el control del Banco Central, más allá de los resultados electorales.
Resulta insólito que los libertarios hablen de independencia del Banco Central cuando en este gobierno es una dependencia del ministerio de Economía. El presidente del Banco, Santiago Bausili y el ministro Luis Caputo trabajaron juntos en el JP Morgan y son socios fundadores de la consultora Anker Latinoamérica.
La idea de eternizar a Bausili en el Banco Central no está inspirada en Suiza ni en China, sino en Perú, donde el presidente del Banco Central peruano, Julio Velarde Flores, fue designado en 2006 y ha sido ratificado a lo largo de 20 años por cinco presidentes, algunos de los cuales fueron derrocados y encarcelados. El modelo es un país con inestabilidad política pero donde el Banco Central garantiza la permanencia de un modelo económico extractivista, con una enorme desigualdad y con la mayoría de los trabajadores en la pobreza y la informalidad.
El miércoles se produjo una doble situación en Diputados. Por un lado la oposición logró reunir los votos para el quórum que se necesita para que las comisiones comiencen a debatir una solución para los endeudados y la prolongación de la emergencia en discapacidad. Al mismo tiempo, el oficialismo consiguió aprobar por mayoría la modificación de la carta orgánica del Banco Central.
Las diferencias en los votos entre ambas votaciones provino de los legisladores que responden a los gobernadores que negocian con el oficialismo. Votaron en contra de la posición del gobierno o se abstuvieron en el primer caso. Y negociaron el respaldo a una reforma estructural que afectará al país en su conjunto, a cambio de algunas promesas de dádivas o concesiones a nivel de la minería, el agro o la energía, según la provincia.
Hay una confusión en esos gobernadores sobre el significado del federalismo. Bajo esa bandera, el menemismo “federalizó” la educación. No puede haber provincias de primera con buena educación y salud; y provincias de segunda con mala educación y salud. Las políticas nacionales con el presupuesto unificado, facilitaban la igualdad entre las provincias. Pero la salud y la educación fueron “provincializadas” por un gobierno en el que sus ministros hablaban de “provincias inviables”. Esa supuesta “federalización” fue en contra de las provincias.
Si hay gobernadores dispuestos a sacrificar la Nación a cambio de un asfalto, a la provincia de Buenos Aires habría que devolverle en concepto de coparticipación el 40 por ciento de la recaudación ya que contribuye con ese porcentaje. Sin embargo, sólo se le reembolsa el 7 por ciento de lo que aporta. Los gobernadores opositores han sido duramente castigados, en especial el bonaerense Axel Kicillof, quien podría convertirse en el principal adversario de Milei en las próximas elecciones. Al menos esos gobernadores no traicionaron sus principios a cambio de las promesas de un gobierno que empobreció a la mayoría de los argentinos en todas las provincias, incluyendo las oficialistas y las “negociadoras”. En esos gobernadores está la semilla de una alternativa a Milei.
El petrolero inglés estacionado en el puerto de Ushuaia es representativo del desprecio a los derechos soberanos que el gobierno debería defender. Seis millones de argentinos no pueden pagar los préstamos que tomaron para comprar comida y alimentos de primera necesidad. Los libertarios los acusaron de avivados que habían comprado “televisores para ver el Mundial y como no ganó la Selección, ahora no quieren pagar”. El desprecio a la soberanía va de la mano con el desprecio a los pobres. En su credo, los ricos son bendecidos por Dios y los pobres, castigados porque algo habrán hecho.