El Estado profundo o deep state, como le dicen en Estados Unidos, conformado por el conglomerado militar y de inteligencia, más el complejo armamentístico y su intrincada red de industrias adyacentes con vinculaciones con el mundo de las finanzas, tiene enormes lobbies que convierten a la democracia norteamericana en un simulacro que la crisis económica hizo explotar.
Seis de los principales funcionarios del gobierno de Milei han trabajado en JP Morgan. Desde el ministro de Economía, Luis Toto Caputo, hasta el presidente del Banco Central, Santiago Bausili y el canciller Pablo Quirno, más José Luis Daza, Vladimir Werning y Demian Reidel fueron empleados del gigante financiero estadounidense. No por casualidad, el CEO máximo del JP Morgan, Jamie Dimon, desembarcó en Argentina con una impresionante reunión en el Museo de Arte Decorativo.
Resulta curioso cómo hará el gobierno de Milei—JP Morgan cuando su principal aliado, Donald Trump, le metió un juicio en un tribunal de Florida al gigante financiero y a su CEO, Dimon, por cinco mil millones de dólares. Trump acusó al banco de congelarle sus cuentas tras el asalto al Capitolio en 2021. Los acusó de ponerlo en una lista negra y causarle pérdidas millonarias. El Banco se defendió y explicó que no fue por motivos políticos, sino por un procedimiento legal, pero Trump mantuvo la acusación, decidido a sacarle cinco mil millones de dólares.
Dimon también estuvo en Davos, donde le pidieron su opinión sobre Trump. Su respuesta fue muy cautelosa, si se tiene en cuenta que cualquier palabra le podía costar una fortuna.“Si me preguntara si Estados Unidos se ha vuelto poco fiable le diría que no. Más bien se trata de que antes se confiaba plenamente, pero ahora esa fiabilidad es menor”, afirmó el director general del JP Morgan, y se cubrió al añadir que también durante la presidencia de Joe Biden hubo cosas que no le gustaron, pero que los periodistas nunca le preguntaron por ellas.