El comportamiento sectorial, con bajas en la industria y cambios en el cultivo de agroalimentos, configuró un grupo de municipios que la investigación del centro de estudios universitarios denominó como “Líderes”, compuesto por 39 distritos que combinan un perfil exportador agropecuario dinámico y actividad turística. En el noroeste, comunas como Carlos Tejedor, Rivadavia y General Pinto capitalizaron el auge manicero, mientras que el sector costero (Monte Hermoso, Pinamar, La Costa y Villa Gesell) se vio impulsado por el turismo y el comercio. En estas zonas del interior y de la costa, la ausencia de industrias tradicionales en declive evitó en la estadística el lastre económico observado en el conurbano. Vale recordar, que en términos de empleo, los rubros que se destacan son los que menos mano de obra generan.
Finalmente, la periferia del Gran Buenos Aires mostró una marcada división geográfica. Mientras el primer cordón fabril retrocedió, municipios del segundo cordón, como Malvinas Argentinas, Ezeiza, Esteban Echeverría y Moreno, se consolidaron en el bloque de mayor aporte a la variación provincial. Este crecimiento periférico no estuvo motivado por la industria, sino por la instalación de grandes centros logísticos y el desarrollo del comercio formal, los cuales redefinieron el mapa económico de la región.