Estas dos últimas constituyen una contradicción galopante. Por el lado de la Conae, el gobierno celebró la participación de la ciencia argentina en la última misión Artemis II, que llevó a astronautas de la NASA a volar en las adyacencias de la Luna de manera reciente. Por su parte, la CNEA, es el organismo madre de la energía nuclear en Argentina; esa fuente que Milei tanto pondera como la energía del futuro, que permitirá el desarrollo revolucionario de la IA en el país.
Asimismo, se destacan recortes de 5 mil millones en el INTA, de 2 mil millones en el INTI, de un poco más de mil millones en Anlis Malbrán, de 46 millones en el Instituto Antártico Argentino y de 268 millones en Segemar. Salvarezza, que fue ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación nacional, sintetiza: “En Conicet se recortan 3200 millones de los cuales 2 mil millones corresponden a becas, el programa que garantiza el futuro de la ciencia argentina; 5 mil millones menos para la Conae, mientras se llenan la boca hablando de logros satelitales, 19 mil millones menos para CNEA cuando hablaban de planes nucleares y reactores modulares. Podríamos seguir enumerando las acciones de un grupo de incompetentes que declama que a Milei le importa la ciencia, cuando en realidad persigue su destrucción”.
El rector de la Universidad Nacional de Río Negro, Anselmo Torres, elevó una presentación formal ante la relatora especial de la ONU sobre el Derecho a la Educación, Farida Shaheed. En el escrito denuncia una situación de “extrema gravedad institucional, social y humanitaria” y sostiene que el ajuste sobre las universidades vulnera el derecho a la educación superior en Argentina.
Este martes, el país acompañará a la cuarta marcha universitaria y le demostrará al elenco gubernamental un descontento que crece. Si Milei era “el topo que venía a destruir al Estado”, ¿quién dice que ahora el gobierno no tiene a su propio topo? Tal vez, hasta tiene nombre y todo: universidad pública.