"El Gobierno quiere acelerar acuerdos con los aliados. No es un pacto económico para reactivar, sino una estrategia política con impacto económico: dar certidumbre para que no salte el dólar ni el riesgo país y encadenar triunfos locales hacia 2027", señalan en la Casa Rosada.
En el oficialismo no quieren repetir el escenario de 2025, cuando una serie de derrotas provinciales, incluida Buenos Aires, alimentó la volatilidad cambiaria y elevó el riesgo país. En aquel momento, el respaldo de Donald Trump y el rescate financiero del Tesoro estadounidense funcionaron como salvavidas providenciales.
Hoy, con un contexto internacional más incierto, y Trump en medio del conflicto de la guerra contra Irán y la posible derrota en las elecciones de medio término de noviembre en su país, esa carta no parece tan disponible.
Aun así, Caputo mantiene su optimismo: insiste en que vienen "los mejores 18 meses de los últimos 20 años". Pero mientras la economía real sigue dando señales de fragilidad —con caída del consumo, tensiones en el empleo y dudas sobre la inflación—, el Gobierno apuesta a reforzar la política como ancla. La estrategia es clara: si la economía no garantiza por sí sola un clima electoral favorable, habrá que construirlo desde la política. Y en ese tablero, adelantar elecciones provinciales puede ser menos una táctica que una necesidad.