Durante semanas, Formañuk coordinó y participó en los operativos de rastrillaje, donde se utilizaron infinidad de recursos humanos y materiales con la misión de encontrar a Bernabé. Se desplegaron drones, perros rastreadores, móviles policiales y controles en rutas y caminos rurales.
El comisario relató que cada jornada de búsqueda la vivió “como si se tratara de un familiar propio”, lo que lo llevó a plasmar esas emociones en versos. Su obra refleja la esperanza inicial, el compromiso de la fuerza y el dolor del desenlace trágico. “Somos profesionales, nos toca estar al frente de muchas cosas que pasan, pero también somos hijos, padres y hermanos, y este era un caso que nos tocaba a muchos de la fuerza”, expresó.
La canción fue escrita por Formañuk y realizada con herramientas tecnológicas, describe cada día y momento de la investigación, desde los primeros rastrillajes hasta el hallazgo final. Más que un homenaje, se convierte en un testimonio de la vocación de servicio y humanidad que también habita detrás del uniforme.
El gesto de Formañuk demuestra que la labor policial no se limita a procedimientos técnicos: también implica sensibilidad, compromiso y un vínculo profundo con la sociedad a la que sirven.