Y la otra acción polémica, la que fue clave en el resultado, se dio cuando Cobo fue a pelear con Driussi una pelota que se iba afuera, sobre un costado en la línea final, en una jugada que no entrañaba ningún peligro, y el VAR lo llamó a Arasa para que cobrara penal. Uno de esos que sin la existencia de microscópicas miradas jamás se habría cobrado. El penal lo pateó Montiel al medio del arco. Gol. Uno a cero.
Antes del falso gol de González, Estudiantes de Río Cuarto ni se había acercado a Beltrán. Apenas un par de centros que cruzaron el área habían sido su único aporta ofensivo al espectáculo, mientras River embestía una y otra vez, y Montiel y Acuña se cansaban de tirar centros, algunos muy buenos.
Después del gol de Montiel, los locales, ya jugados, entraron en escena, se juntaron bien en el medio, y embotellaron tanto a River que Coudet tomó la medida preventiva de ponerlo a Paulo Díaz, y armar una línea de cinco.
River se sostenía con alfileres, a veces reventando la pelota, hasta que en una contra cuando el partido se iba de largo la jerarquía de Juanfer Quintero para meter la pelota en profundidad le permitió a Salas marcar el segundo gol.