En el presente, parece haber llegado el turno de un modelo agro-minero-energético, que exhibe la ausencia de un proyecto de país con desarrollo industrial y científico propio. En este marco, vale el interrogante: ¿para qué y para quiénes servirían las universidades y la ciencia?
En el fondo, las universidades constituyen el contrincante perfecto para las ultraderechas mundiales. Trump también utiliza de sparrings a casas de referencia internacional como Harvard y denuncia que son “cuna del movimiento ‘Woke’”, es decir, del progresismo que denuesta. Ser progresista, instalan, es algo así como un insulto.
El plan de vuelo es claro: quieren barrer con el cultivo del pensamiento crítico. Una anestesia generalizada para que la población acepte --e incluso defienda-- un programa político que perjudica a las mayorías. Quizás lo que el oficialismo no tiene en cuenta es que un día la anestesia se termina, que pierde el efecto, y quien la recibe en un comienzo, de repente, puede despertar.