La comparación con otras carnes ayuda a dimensionar el fenómeno. El cerdo se mantiene alrededor de $3.400 por kilo de media res, prácticamente sin cambios en la última semana y con un incremento interanual del 15%, muy por debajo del movimiento que muestra la carne vacuna. Y la mitad de la inflación interanual.
Algo similar ocurre con el pollo, que ronda los $2.964 por kilo, también sin variaciones en la última semana, y con un aumento del 44% respecto a febrero del año pasado. Esta diferencia de dinámicas está reconfigurando el consumo interno. Con la carne vacuna escalando a gran velocidad, las familias ajustan sus compras y reemplazan parte del consumo por alternativas más económicas. Sin embargo, la suba del vacuno también refleja otra realidad: la oferta de hacienda sigue siendo limitada y los productores buscan recuperar rentabilidad después de varios años de márgenes ajustados.
En ese contexto, el mercado empieza a anticipar un escenario donde la carne vacuna se ubica en un escalón de precios cada vez más alto respecto del resto de las proteínas. Y esa brecha, que hoy ya es visible en los números del sector, podría seguir ampliándose si la oferta no logra recomponerse al ritmo que demanda el consumo.