La reacción desde La Habana no se hizo esperar. El gobierno cubano condenó lo que consideró una injerencia directa de Washington en los asuntos internos de Venezuela y calificó esa política como una amenaza abierta. Las autoridades advirtieron que no aceptarán presiones ni intimidaciones y alertaron sobre el riesgo de una escalada mayor.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, descartó de plano cualquier negociación condicionada y afirmó que no habrá concesiones políticas frente a Estados Unidos. En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez respondió a los dichos de Trump con una convocatoria a movilizaciones en La Habana, enmarcadas en un mensaje de rechazo al intervencionismo.
Las declaraciones cruzadas profundizaron la tensión entre Washington y La Habana, con Venezuela nuevamente en el centro del conflicto regional y el suministro energético como uno de los principales factores de disputa.