Para 1816, estas condiciones muestran que la imposibilidad de conseguir dólares en los mercados internacionales también termina encareciendo el financiamiento en moneda local. Aunque el Tesoro logró superar los vencimientos inmediatos, el costo de extender los plazos refleja que los inversores siguen reclamando una compensación elevada por mantener deuda argentina.
La situación plantea una dificultad adicional para Milei. Una corrección cambiaria podría mejorar la competitividad externa, pero también amenazaría la desaceleración inflacionaria que el Gobierno presenta como su principal logro económico. En cambio, prolongar la apreciación del peso puede profundizar los problemas de competitividad y mantener la necesidad de intervenciones oficiales para administrar la demanda de dólares.
La experiencia brasileña agregó incertidumbre a ese equilibrio. El real se depreció con fuerza después de la victoria de Lula, lo que encareció relativamente los productos argentinos frente a los de su principal socio comercial. La combinación de un peso apreciado, una moneda brasileña debilitada y una economía doméstica estancada introduce nuevas dificultades para los sectores exportadores y para la industria que compite con las importaciones.
Así, la estabilidad cambiaria que Caputo busca preservar como señal de confianza convive con un mercado financiero que exige tasas de dos dígitos en dólares y comienza a descontar un escenario electoral menos favorable para Milei. La incógnita ya no pasa solamente por cuánto tiempo podrá sostenerse el actual nivel del tipo de cambio, sino por el costo financiero y económico de mantenerlo hasta 2027.