Respecto de Cosachov, los fiscales cuestionaron que avalara el retiro de los acompañantes terapéuticos y que omitiera señales vinculadas con la insuficiencia cardíaca. También apuntaron contra Almirón por las actas de enfermería y remarcaron que, según su hipótesis, un tratamiento tan simple como la administración de un diurético podría haber modificado el desenlace.
Ferrari sostuvo que para el 11 de noviembre de 2020, Maradona era "una bomba de tiempo" y que fue llevado a una casa que, según describió, no contaba con los elementos necesarios para atender a un paciente de semejante complejidad. Mencionó la ausencia de desfibrilador, ambulancia, vía, botiquín de primeros auxilios y otros recursos, y afirmó que el lugar constituía "un vacío puro".
Los fiscales también remarcaron que la muerte no se produjo de manera súbita, sino que fue precedida por un deterioro progresivo. Según Ferrari, la Junta Médica concluyó que Maradona era un paciente de "gravísima complejidad", que la muerte era evitable y que recibió una atención médica inadecuada. Además, sostuvo que el exfutbolista atravesó un período de agonía prolongado de 12 horas antes de morir el 25 de noviembre de 2020.
En la última parte de los alegatos, Iribarren repasó los antecedentes médicos de Maradona y sostuvo que no podía ser considerado un paciente sano que atravesaba únicamente un posoperatorio por el hematoma subdural. Ferrari, en tanto, cuestionó la documentación presentada por los acusados y llegó a romper el acta de externación durante su exposición. También reveló que, durante los allanamientos a las viviendas de Luque y Cosachov, encontraron la historia clínica de Maradona "tirada arriba de la chimenea", mientras que señaló que Forlini habría ordenado a enfermeros registrar controles que, según la acusación, nunca se realizaron.