Este viernes, el Gobierno afrontó un pago de capital de alrededor de US$ 800 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI). Las reservas brutas del Banco Central bajaron US$ 600 millones y terminaron en US$ 48.245 millones, el nivel más bajo de septiembre. Además, la autoridad monetaria no compró dólares en el mercado oficial, después de varias ruedas con saldo positivo.
A esas preocupaciones se sumaron los datos de la economía real conocidos el jueves. La actividad cayó 2,9% en julio respecto de junio y retrocedió 1,4% frente al mismo mes del año pasado. La pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre. Son cifras que vuelven más difícil separar la discusión financiera de lo que ocurre con la producción, el empleo y los ingresos.
La señal que dejaron los mercados es clara, aunque las causas sean varias. Los inversores piden más rendimiento para conservar deuda argentina, las acciones pierden valor y crece la demanda de dólares. El desafío para el Gobierno será mostrar cómo sostendrá la acumulación de reservas y financiará los vencimientos futuros en un contexto externo menos favorable.
Mientras esa respuesta no resulte convincente, el riesgo país seguirá siendo mucho más que un número en una pantalla.