El principal desacuerdo está relacionado con el lugar que tendrán las pequeñas y medianas empresas no integradas de biodiésel dentro del mercado. Las pymes buscan conservar una participación del 7,5%, mientras que la iniciativa plantea una reducción gradual hasta que ese porcentaje desaparezca en 2036.
El esquema diferencia entre las empresas integradas, que pueden intervenir en distintas etapas de la cadena productiva, y las firmas no integradas. Cuando el corte de biodiésel llegue al 10%, estas últimas tendrían una participación equivalente al 6,5% del mercado total.
La propuesta contempla luego una reducción al 5,5% en 2029, al 5% en 2030 y al 3% en 2031. Desde 2032, el 7% del mercado podrá ser comercializado entre todas las empresas.
Ese mecanismo genera resistencia entre los bloques aliados vinculados con las provincias del centro del país, que reclaman que las pymes del sector tengan una participación asegurada.