Telefónica de España, Mercedes-Benz y Procter & Gamble, entre otras multinacionales, también abandonaron la Argentina, al igual que la anglo-holandesa Shell. En varios casos, la salida formó parte de una reestructuración global de sus negocios. La persistente inestabilidad económica inclina la balanza cuando aparecen oportunidades de obtener rentabilidades elevadas en otros mercados.
A la vez, Dolce & Gabbana, H&M, Victoria’s Secret, entre otras marcas internacionales, aprovechan las reglas de juego que ofrece la apertura comercial irrestricta del proyecto liberal-libertario. A diferencia de las multinacionales industriales que se retiraron, las marcas internacionales que llegan no montan plantas productivas. Además, casi ninguna de las marcas que llegaron, como Armani Exchange, Decathlon, lo hizo arriesgando capital propio mediante filiales directas. El desembarco se concreta a través de grupos económicos locales, como Grupo One de Manuel Antelo, Leuru Group o el Grupo Tucci, que compran la licencia de distribución. Aunque el consumo masivo sufrió un fuerte retroceso por la pérdida del poder adquisitivo, los sectores de ingresos medios-altos y altos conservan su capacidad de gasto.
Multinacionales Marcas Internacionales
Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, un total de 16 multinacionales vendieron activos estratégicos o completaron su salida del país .Imagen: ChatGPT.
Un caso emblemático: los autos
El mercado automotor argentino atraviesa una acelerada transformación impulsada por la apertura económica, la baja gradual de aranceles y la desregulación de importaciones. Esta flexibilización facilita el desembarco masivo de terminales chinas, con más de 20 marcas activas, como BAIC, BYD, Haval y Chery, entre otras, que avanzan en los segmentos de SUVs y vehículos híbridos y eléctricos.
El ingreso de los vehículos importados se concreta en un escenario económico de fragilidad del poder adquisitivo de la mayoría de la población. Los últimos datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) son contundentes para la industria local.
En mayo pasado, la producción nacional registró una demoledora caída interanual del 21,5%, hasta alcanzar apenas las 37.762 unidades fabricadas. El balance acumulado entre enero y mayo arrojó un retroceso del 19,3% con 167.629 vehículos producidos. En cuanto a las ventas mayoristas destinadas al mercado interno a través de la red de concesionarias, las automotrices locales entregaron 35.979 vehículos en mayo. De este modo, el acumulado de los primeros cinco meses consolidó un desplome del 23,1%, con 184.033 unidades despachadas.
Mientras se profundiza este retroceso de las terminales locales, los autos de origen chino registran niveles inéditos en el patentamiento nacional. Ya representan cerca del 20% del total de patentamientos de unidades nuevas, con firmas como BYD escalando posiciones hasta ubicarse entre las diez marcas más elegidas.
El modelo Terminator de Milei
La experiencia económica argentina ofrece suficientes antecedentes como para no sorprenderse ante los resultados de la estrategia aperturista del plan de Milei. Se sabe que el desplazamiento de la producción nacional por bienes importados genera un impacto negativo en el entramado laboral y social.
La caída de la actividad industrial, como ocurre en el sector automotor, se traduce de forma directa en suspensiones, despidos y los cierres definitivos de pequeñas y medianas empresas que integran la cadena de valor local.
En la industria automotriz, cada puesto directo destruido en una terminal repercute con un efecto multiplicador sobre la red de proveedores metalúrgicos y talleres locales. Esta destrucción de empleo formal y calificado no es compensada por los nuevos puestos generados en los sectores de logística, distribución y comercialización de la red de autos importados.
Desde diciembre de 2023, el complejo automotor registró una pérdida de entre 7.500 y 9.000 puestos de trabajo directos. A esta caída se suman entre 25.000 y 30.000 empleos indirectos afectados en toda su cadena productiva.
El sector autopartista es el eslabón más vulnerable de la cadena. Según los datos de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), la fuerza laboral del sector cayó de 53.700 puestos en 2024 a 49.600 en 2025, consolidando una pérdida neta de 4.100 empleos directos en un año. Las proyecciones de la entidad para el primer semestre de 2026 sostienen la tendencia a la baja ante la cancelación anticipada de modelos locales.
En las terminales, la reducción de la plantilla se estima en más de 3.500 operarios directos. El ajuste se ejecutó mediante la apertura de programas de retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, no renovación de contratos y la eliminación de los segundos y terceros turnos de producción en las plantas de General Motors, Toyota, Volkswagen y Stellantis.
Especialistas del sector explican que, por cada puesto directo que desaparece en una línea de montaje automotriz, el efecto multiplicador destruye entre 3 y 4 empleos indirectos en la economía. El panorama es todavía más inquietante para los trabajadores porque, para evitar que la cifra de despidos abiertos sea aún mayor, los sindicatos del sector (SMATA y UOM) han negociado con las cámaras empresariales esquemas de suspensiones rotativas programadas. Así, miles de trabajadores continúan empleados, pero sufren una reducción del 25% del salario bruto, como en la planta de General Motors de Alvear, mientras las plantas frenan su producción una o dos semanas por mes para regular el stock.
Javier Milei Importaciones
El modelo de desarrollo de Javier Milei es una economía que desalienta la inversión de capitales del exterior en activos físicos y fomenta las importaciones de productos de consumo masivo.
Las cuentas fiscales bajo tensión
Desde la perspectiva económica, la apertura importadora sin un sistema de compensaciones y orientación modifica en forma radical la matriz productiva y profundiza el proceso de desindustrialización.
Al sustituir la fabricación local por productos terminados del exterior, se pierde el valor agregado nacional y la capacitación de mano de obra especializada. En el corto plazo, la mayor oferta importadora beneficia a los consumidores con precios más bajos y mayor variedad. En el mediano plazo, erosiona el poder adquisitivo general por la falta de dinamismo económico.
Además, la dependencia extrema de insumos y bienes finales importados genera vulnerabilidad cambiaria y presiona sobre la balanza comercial y las reservas internacionales ante una eventual reactivación fuerte del consumo.
En el plano fiscal, el impacto en las cuentas públicas tiene un doble efecto. Por un lado, el Estado contabiliza una caída en la recaudación de impuestos ligados a la actividad y la producción local. Por otro, aumenta la recaudación de derechos de importación, pero ese incremento no compensa la caída.
Este esquema de financiamiento al fisco queda atado a la evolución del comercio exterior y altera la relación con las provincias, ya que los impuestos a la importación son recaudados por el gobierno nacional y no se coparticipan, mientras los impuestos que retroceden son coparticipables.
El país de Milei es para pocos
En definitiva, en este proceso de destrucción del entramado productivo local, el aspecto relevante no es la nacionalidad de las empresas que llegan o se retiran. El punto central es la calidad de la inserción de esos capitales en la economía. No produce el mismo efecto una inversión que instala una fábrica, incorpora tecnología y desarrolla proveedores que otra destinada a importar bienes terminados y comercializarlos a grupos sociales de ingresos medios-altos y altos.
La apertura comercial indiscriminada también modifica las relaciones de poder dentro del bloque de poder económico. El retroceso de ramas industriales reduce la influencia de los sectores interesados en un mercado interno dinámico, mientras ganan espacio los grupos vinculados con las finanzas, los recursos naturales y la comercialización de bienes importados. No se trata solamente de una transformación económica. Es una reorganización política que consolida una estructura productiva con pocos actores ganadores, desconectados de la suerte de la mayoría de la población.
El experimento liberal-libertario no está diseñando una economía moderna y competitiva. Está acelerando la construcción de una economía de enclave, con sectores exportadores dinámicos, consumo importado para una franja minoritaria y un tejido productivo nacional cada vez más débil.