Por su parte, Putin coincidió en el diagnóstico y se refirió a las relaciones bilaterales como situadas en un nivel sin precedentes, destacando de manera particular los avances en el ámbito económico a pesar de los factores externos desfavorables que condicionan la política global.
El viaje oficial de Putin posee además un fuerte carácter simbólico, ya que coincide con la conmemoración del 25.º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre China y Rusia, así como con las tres décadas del establecimiento de su asociación estratégica.
Tras concluir las reuniones en la capital china, los dos jefes de Estado encabezaron una ceremonia oficial en la que firmaron una declaración conjunta orientada al fortalecimiento de la cooperación estratégica, el desarrollo de una profunda asociación y el reforzamiento de sus lazos de buena vecindad.
Asimismo, en un claro mensaje hacia el exterior, Xi y Putin aprobaron un segundo documento enfocado en el establecimiento de un mundo multipolar y el diseño de unas nuevas relaciones internacionales, consolidando así un frente diplomático común ante los desafíos de Occidente.