
Incluso desde el punto de vista de la salud diversos institutos de investigación en Ciencias Naturales apuntan a que esta crisis del coronavirus tuvo su origen en la interrupción del delicado equilibrio ambiental. Factores como la destrucción del hábitat, la captura, el tráfico y el consumo de fauna silvestre han representado condiciones propicias para que el virus SAR-CoV-2 se volviera contagioso para los humanos. Motivo por el que hoy, más que nunca, es crucial la protección de los recursos naturales y el medio ambiente.
LA BIODIVERSIDAD, SU GRAN RIQUEZA
El Gran Chaco es una gran ecorregión conformada por una amplia diversidad de hábitats como los bosques, sabanas, pastizales y humedales, que constituyen el soporte vivo de un entramado biológico, social y productivo.

En la zona central del Gran Chaco de Argentina se encuentra el Chaco seco, que abarca más de 9 millones de hectáreas repartidas entre las provincias de Salta, Formosa, Chaco y Santiago del Estero, que a su vez alberga la zona conocida como el Impenetrable, de aproximadamente 4 millones de hectáreas.
El Impenetrable alberga fauna en peligro de extinción como el yaguareté, el oso hormiguero, el tapir, el chancho quimilero y el tatú carreta, que fueron declarados Monumento Natural Provincial en Chaco. También existen otras especies como el aguará guazú, el pecarí labiado y el ocelote, que históricamente han sufrido una fuerte presión de caza en la región chaqueña. También abundan el coatí, el tapir, las corzuelas, los zorros y zorrinos, las vizcachas y comadrejas overas, el mono aullador o caraya y diversos roedores. En entornos acuáticos predominan yacarés, tortugas acuáticas, cocoés, ranas trepadoras y curiyúes.
El Chaco es ideal para el avistaje de aves, ya que alberga a más de 340 especies entre las que se encuentran lechuzas, atajacaminos, urutaús, pájaros carpinteros, urracas paraguayas, garzas, chajáes, biguáes, gallitos de agua, cigüeñas, horneros, patos, chuñas de patas rojas y hasta ñandúes. Diversas especies de perdices, entre las aves terrestres; y de garzas, entre las acuáticas; tucanes, teros, charatas, cuervos, caranchos, martín pescador, distintas especies de palomas, picuies, horneros, boyeros, tijeretas, chiflones, búhos y lechuzas, monjitas, cisnes, espátulas y jabirúes. En las zonas cercanas a los ríos, principalmente en el Paraná, abundan las cotorras comunes y los loros hablador y real.

A todo esto se le suma el valor estratégico y ambiental de los bosques del interfluvio que se ubican entre los ríos Bermejo y Bermejito, representando actualmente una pieza clave para mantener la conectividad entre las selvas de yungas de Salta y Jujuy con los remanentes del bosque atlántico en Misiones, a través de las selvas en galería de los ríos Bermejo, Paraguay y Paraná.
EL IMPENETRABLE Y SUS HABITANTES
Además de sus exponentes de flora y fauna, el impenetrable también tiene sus poblaciones compuestas por criollos e indígenas, cada cual con concepciones diferentes en cuanto al uso y manejo de los recursos naturales. Históricamente el empleo estuvo asociado a la explotación forestal y ganadera, caracterizado por una mano de obra no calificada y temporaria. Dado el deterioro del ecosistema, hoy se está promoviendo desde el gobierno el desarrollo de nuevas alternativas derivadas del uso no maderero del bosque.
Son cinco los pueblos principales que se erigen alrededor del Parque Nacional El Impenetrable: Miraflores, Nueva Pompeya, Fuerte Esperanza, Wichí y Sauzalito; todos pertenecen al Departamento de Güemes, siendo Juan José Castelli la cabecera del partido.
En las zonas rurales los criollos viven en parajes, que son pequeños núcleos habitacionales de entre una y diez familias que se mantienen con una economía de subsistencia. La mayoría de los indígenas viven en reservas comunitarias ubicadas en las inmediaciones de los pueblos mencionados.
(*) Periodista ambiental
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