La situación se expresa con mayor crudeza en el caso de los tareferos (unos 13.000 trabajadores). Cuando cae el precio al productor, el ajuste impacta de manera inmediata sobre la tarefa -la cosecha de hoja verde de yerba mate, núcleo del trabajo agrario- profundizando la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Formalmente, la Resolución 276/2025 de la Comisión Nacional del Trabajo Agrario fijó para diciembre de 2025 un valor cercano a los $77 por kilo de hoja verde. Sin embargo, relevamientos territoriales exhibieron una situación muy distinta: pagos efectivos en torno a los $40 por kilo, condiciones de alta precariedad y un incumplimiento extendido de los pisos salariales para estos trabajadores.
El contexto actual remite a lo ya sucedido en esta provincia cuando en la década del `90, también por decreto, se eliminó la entonces Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), predecesora el INYM, que fue resultado de largos reclamos de las familias productoras que ahora ven volver el tiempo atrás, y se manifiestan en reclamo por la propia subsistencia. En este escenario, los especialistas de la Fundación señalaron que “con participación de todos los actores de la cadena, el INYM había logrado sentar en la misma mesa a un colono con 10 hectáreas y al gerente de una multinacional para discutir la formación de precios sobre la base de los costos de producción y un margen de utilidad”, pero luego de la desregulación que impulsó La Libertad Avanza (LLA), “el precio queda definido por el comprador más grande, siendo los pequeños productores yerbateros quienes resultan más afectados por la caída de los precios”, puntualizaron.
Como resultado, comienza a evidenciarse con mayor fuerza el abandono de chacras por parte de pequeños productores que ya no logran cubrir sus costos, lo que lleva a “la venta de tierras a precios depreciados”. Se suma a esto un fenómeno social creciente: la migración laboral de jóvenes y trabajadores rurales hacia Brasil. Según confirmó el relevamiento, localidades misioneras fuertemente vinculadas a la producción yerbatera —como Comandante Andresito— comienzan a mostrar un vaciamiento progresivo, con hijos de productores y trabajadores que cruzan la frontera ante la imposibilidad de sostener ingresos en la provincia, empujando a miles de personas a buscar empleo temporario en cosechas del sur de Brasil.
El fenómeno no es aislado ya que se registran contingentes de trabajadores que migran hacia estados como Rio Grande do Sul para desempeñarse en cosechas frutícolas, donde perciben salarios más altos y, en algunos casos, cuentan con condiciones de alojamiento y transporte cubiertas por los empleadores. Según datos de la Receita Federal de Brasil, la cantidad de trabajadores argentinos — en su mayoría misioneros— que tramitaron el Cadastro de Pessoa Física (CPF), equivalente al CUIL argentino, pasó de un promedio de aproximadamente 8.000 registros anuales entre 2016 y 2021 a cerca de 40.000 en 2025, lo que evidencia un crecimiento exponencial de la migración laboral hacia el país vecino.
“En términos estructurales, el éxodo juvenil y rural funciona como un indicador de la crisis profunda de una economía regional que, tras la desregulación y la concentración del mercado, ya no logra garantizar condiciones mínimas de reproducción social en el territorio”, analizaron los economistas.
Mayor concentración industrial
En la etapa de procesamiento conviven distintos modelos de organización. Por una parte, el modelo cooperativo (representa el 25% del mercado total de yerba mate molida en Argentina) que resulta fundamental para los pequeños productores. En este esquema, las cooperativas actúan como reguladoras de precio para sus asociados, evitando la venta individual de la hoja verde en condiciones desfavorables, y constituyéndose como una figura colectiva capaz de intervenir estratégicamente en el mercado.
Por otro lado, se configura un modelo de concentración industrial que presenta una estructura de oligopsonio: se estima que en torno al 70% del mercado se encuentra concentrado en unas diez empresas. Según un informe del Centro de Estudios Agrarios (CEA, 2024), la gran cantidad de productores genera una producción anual de hoja verde que ronda las 800.000 toneladas anuales, no obstante, 10 grandes empresas industriales concentran casi el 75% de las compras primarias, al punto de que la dos primeras -Establecimiento Las Marías (marca Taragüí y otras) y Liebig (marca Playadito) concentran un tercio del mercado y junto a CBSe (misma marca) y La Cachuera (marca Amanda) llegan a casi la mitad del total de participación. Le siguen, Molinos (marca Nobleza Gaucha), Hreñuk (marca Rosamonte), Grupo Cordeiro (marca Verdeflor), Andresito (misma marca), Cachamai (igual marca) y J. Llorente y Cía. (marca La Tranquera).
En este contexto, la desregulación habilitó a la industria a imponer condiciones de compra sin contrapesos institucionales efectivos, profundizando las asimetrías y debilitando la capacidad de negociación del sector primario. De este modo, “las asimetrías estructurales no sólo se explican por las condiciones de producción, sino también por la creciente centralización del poder económico en los eslabones más concentrados del circuito yerbatero”, advirtió el documento.
A esta crisis económica se suma que la flexibilización de las regulaciones del sector habilitó un ingreso más libre de yerba proveniente de Brasil y Paraguay, favoreciendo aún más la estructura de costos de los grandes molinos y profundizando la presión sobre la rentabilidad de las y los pequeños productores.
La comercialización, también en pocas manos
El 90% de los hogares argentinos consume yerba mate envasada. En 2025, la salida de molinos al mercado interno fue de 324,7 millones de kilos, lo que representó un incremento del 7,3% respecto de 2024. Según los últimos informes del INYM, la población argentina tiene un promedio de consumo de 6,4 kilos por habitante al año.
Sin embargo, aunque existen múltiples marcas orientadas a distintos segmentos, la estructura de comercialización está dominada por los principales actores del modelo de concentración industrial, que son también quienes controlan la logística y la presencia en el sector supermercadista.
“Aproximadamente el 80% del volumen total de yerba mate molida que se consume en Argentina está en manos de diez marcas principales que se comercializa a través de supermercados e hipermercados”, indicó el informe coordinado por Patricia Lizarraga, Vanesa Della Casa, y Veronica Bernava, entre otros. En este marco, las especialistas plantearon que “resulta imprescindible restituir la facultad del INYM para fijar precios y avanzar hacia una regulación integral de la cadena —desde la producción hasta la comercialización— que obligue a los grandes compradores a pagar valores justos”.
Por último remarcaron que “resulta fundamental promover los procesos asociativos existentes, aquellos entramados de articulación entre cooperativas y experiencias productivas de la agricultura familiar campesina e indígena" así como "avanzar en la regulación efectiva del trabajo tarefero, garantizando que los precios fijados se traduzcan en ingresos dignos para quienes realizan la cosecha", concluyeron.