Junto a Valentín vino desde Santa Fe su hermano, Agustín, cinco años mayor. No se definió como "un gran fanático" de Los Redondos, pero sí elevó la figura de Solari como algo que trascendió la música. "Creo que es parte de la Argentina, es un símbolo que ha marcado a muchas generaciones y se fue parte de la argentinidad. Se fue parte de la argentinidad, uno de los pocos mitos que quedaban", lamentó.
En la misma línea Claudio, un ricotero de 39 años que, además, vive en Domínico, a metros del último adiós. "Se me pone la piel de gallina, nunca visto esto. Viene el Diego y el Indio", señaló el hombre que portaba una campera de Racing, club que sonaba como una posible locación del velorio, aunque finalmente se realizó en el Gatica. "Se nos están yendo los ídolos. Yo creo que me queda uno solo que se llama Gustavo Costas", continuó y agregó: "El Indio empezó con el microestadio de Racing, después se fue al estadio. Tenemos un presidente que se equivocó, quedábamos en la historia. El Indio tenía que despedirse en Racing, pero bueno, está en el barrio".
"Sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo", reflexionó el Indio en Recuerdos que mienten un poco, sus memorias publicadas en 2019 en formato de conversaciones con Marcelo Figueras. Definitivamente, la muerte lo encontró vivo: siendo domingo por la tarde, todavía no se sabe cuánto puede durar el velorio, aunque ya se especula que puede ser de los más multitudinarios de la historia de la Argentina. Es cierto que el pueblo no olvida a quien lo hizo feliz, pero hay una verdad que iguala a ese famoso enunciado: el pueblo no olvida a quien le hizo compañía en tiempos de soledad. Y el Indio entra en ambas categorías, por lo que en el momento en el que dejó el plano físico se convirtió en prócer.