Lo más valioso de este noveno congreso no se quedó entre las cuatro paredes de la lectura académica. El verdadero fuego sagrado se encendió en los debates posteriores a cada exposición, espacios donde se profundizó la reflexión, se cuestionaron verdades instaladas y se enriqueció el conocimiento colectivo.
Este evento funciona año a año como una verdadera ventana abierta a los procesos históricos que nos unen a todos como comunidad. Y lo hace con un espíritu profundamente democrático: los temas para las próximas ediciones se van proponiendo y seleccionando año tras año de forma abierta.
Más allá de los documentos y los archivos, el impacto real del congreso se midió en los lazos humanos. Las jornadas cerraron con un intenso intercambio de contactos y correos electrónicos entre representantes de distintos pueblos. El objetivo es claro: mantener viva la mecha, continuar la investigación conjunta y seguir dándole valor a los hechos que forjaron nuestra tierra. Sáenz Peña cumplió, la Junta confió, y la historia de nuestra región dio un paso gigante hacia el futuro.