La brecha de género que acompaña a Javier Milei desde sus inicios en la política volvió a ampliarse en mayo y llegó a 0,69 puntos. La diferencia se explica por una fuerte caída de la confianza entre las mujeres: el ICG descendió 13% respecto de abril y quedó en 1,61 puntos. Entre los hombres ocurrió lo contrario: el indicador subió 6% y alcanzó los 2,29 puntos.
Aunque el respaldo masculino al Presidente se mantiene relativamente estable, empieza a modificarse el perfil etario de quienes lo apoyan, históricamente concentrado entre los más jóvenes. El ICG volvió a caer entre quienes tienen entre 18 y 29 años (-5,3%) y se ubicó en 2,15 puntos, prácticamente el mismo nivel que entre los mayores de 50 años, donde el indicador creció 5,4% hasta llegar a 2,14 puntos. Los datos sugieren un corrimiento generacional en los apoyos a Milei, cada vez más similares a la composición clásica del voto de derecha en la Argentina. En contraste, el segmento de entre 30 y 49 años volvió a mostrar el deterioro más pronunciado por segundo mes consecutivo: cayó 11,3% y quedó en 1,72 puntos.
En lo referido a lo geográfico, el ICG mostró una caída del 2,3% en el interior del país y se ubicó en 2,17 puntos. En el Gran Buenos Aires se mantuvo como el nivel más bajo, con 1,65 puntos y un descenso del 1,2%. Sólo la Ciudad de Buenos Aires exhibió una suba del 2,1%, hasta los 1,91 puntos. Respecto al nivel educativo, resultó llamativa la baja entre quienes tienen instrucción primaria, que cayó 25% y se ubicó en 1,20 puntos. El índice volvió a registrar su nivel más alto entre quienes poseen estudios terciarios o universitarios, con 2,19 puntos (-0,9%), y subió levemente entre quienes completaron el secundario, con 1,85 puntos (+1,1%).
El dato geográfico y educativo refuerza una misma tendencia: el desgaste del apoyo al Gobierno se concentra con mayor intensidad en los sectores populares y en el conurbano bonaerense, mientras se sostiene -aunque con matices- en los segmentos de mayor nivel educativo y en la Ciudad de Buenos Aires. En ese mapa desigual, la evolución del ICG deja entrever un respaldo cada vez más acotado y socialmente menos extendido que en los primeros meses de gestión, en un contexto donde la recesión y la pérdida de poder adquisitivo siguen pesando sobre el humor social.