En una nueva alocución, entrevistado por la TV Pública, aprovechó para señalar lo que pensaba sobre el Conicet y las patentes de los inventos argentinos. Sturzenegger señaló lo siguiente: “La investigación del investigador del Conicet es del Conicet, pero si se patentara en Argentina no tendría ningún sentido esa patente. Como Argentina no es PCT no te da ninguna protección en ningún lugar del mundo. Entonces, ¿qué hace el investigador del Conicet? Se va a Brasil y lo patenta en Brasil; o se va a Chile y lo patenta en Chile, o se va a Estados Unidos y lo patenta en Delaware”. Y luego agregó: “Cuando vos vas a Brasil, el brazuca (sic) te cobra una comisión, un 10 o 15 por ciento perdés de tu invención por eso. El Conicet, a su vez, no tiene ningún control de las patentes (…) no tenemos la capacidad de controlar el proceso de invención y de propiedad intelectual porque no somos parte de PCT”. Fiel a su estilo, enhebró palabras con envoltorio de elocuencia, aunque con argumentos flojos de papeles y despertó un viejo debate.
Al Tratado de Cooperación de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés) adhirieron 158 países, pero Argentina no. La de pertenecer no es una discusión nueva, sino que se remonta a los 90. Codner señala a Página 12: “En este contexto debatir solo si estar o no en PCT es una estupidez. Estoy a favor de estar, siempre lo estuve, pero hacerlo en este escenario de desguace del sistema científico y tecnológico es un sinsentido. En este marco, solo significaría abrir el mercado, cuando podríamos debatirlo en términos de lo positivo para el desarrollo tecnológico de startups basadas en ciencia”. Para Codner, incorporarse al Tratado sería una señal más para los mercados de que Argentina es un lugar muy potable para hacer negocios. Ingresar a un club para poder patentar más fácil no tiene sentido porque, como dice Milei, al menos para la ciencia y las universidades, no hay plata.
En esta línea, que el ministro desregulador hable de los inventos de Conicet como si le interesaran, también remite, cuanto menos, a una falta de respeto. Haciendo honor al nombre que lleva el ministerio que administra, tiene la tarea de llevar a la práctica el aniquilamiento del Estado y es el principal responsable de desguazar el sistema científico y tecnológico. Los despidos, la unificación de estructuras y la quita de tareas esenciales tienen su sello detrás en organismos como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, el Servicio Meteorológico Nacional o la Comisión Nacional de Actividades Nucleares.
Diego Comerci, investigador del Conicet y funcionario de la Universidad Nacional de San Martín en el área de innovación y desarrollo, indica: “Si el Estado no pone un peso en ciencia no tiene mucho sentido adherirse a ningún Tratado ni nada. Hay teoría incluso que lo respalda: el Estado no puede desatenderse de ciertas inversiones en ciencia y tecnología, sobre todo, en el primer tramo del proceso de investigación y desarrollo, que es el de mayor incertidumbre. Luego entran los privados, financian, escalan, realizan evaluaciones de mercado y demás, pero al comienzo necesitás al Estado”.
Y remata: “Si el Estado no está, el gobierno puede hacer la ley de patentes que quiera, pero no va a servir para nada. Vienen a romper todo y ni siquiera entienden lo que rompen. Es una macana porque se necesita el lineamiento del Estado para fijar prioridades y establecer una política”.
Para tener referencia, un informe reciente realizado por la Federación de Docentes Universitarios (Fedun) y el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación, destacó que el sistema científico atraviesa un ajuste histórico, con recortes que trepan hasta el 50,8 por ciento de los fondos, mientras que desde que asumió Milei, los trabajadores denuncian haber perdido entre un 35 y un 40 por ciento del poder adquisitivo.
Pfizer. Uno de los laboratorios que podría beneficiarse con los cambios. (JUSTIN TALLIS/AFP)
Las ventajas de estar en el club
Por derecho, cada oficina de patentes de cada país decide si un invento puede ejercer un monopolio en un territorio determinado. Para conceder una patente se evalúan tres cosas: que implique una novedad mundial –es decir, que el invento sea realmente único–, que tenga altura inventiva –que no sea obvio, que condense un esfuerzo haberlo conseguido– y, por último, que tenga aplicación industrial. Si se cumplen los tres requisitos, lo normal es que la oficina del país que recibe la solicitud de la patente le conceda ese derecho monopólico por 20 años; algo así como “el título de propiedad de la tecnología”. Por caso, si un equipo de investigación argentino quisiera patentar su invención en 15 países del mundo, sin apelar al PCT, lo que debería hacer es presentarlo al Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) porque es el órgano de evaluación local y en los 14 países restantes en el lapso de un año.
La cuestión es que formar parte del Tratado ofrecería ventajas a Argentina. Codner destaca: “Desde hace mucho tiempo estoy a favor del Tratado de PCT. Están casi todos los países y solo faltan ocho o nueve. Uno de ellos es Argentina. El tratado de cooperación de patentes es un club de países que acuerda una forma de implementar la protección de patentes a nivel global. Una de las principales ventajas de las naciones que forman parte de este club es el tiempo del que disponen para patentar en múltiples lugares: no tienen un año, sino 30 meses”. La ventana para decidir en qué países presentar la patente es más amplia y permite, naturalmente, tomar mejores decisiones.
La segunda ventaja, para Codner, tiene que ver con un asunto administrativo nada desdeñable. “Lo que sucede con las oficinas que evalúan en PCT es que son técnicamente mejores que la del INPI, por una cuestión de recursos. En el ámbito internacional, las oficinas que trabajan en el marco de PCT realizan un análisis y notifican qué chances existen de que la patente finalmente se conceda. Anticipan mediante un informe técnico las posibilidades y los riesgos de avanzar con la presentación”.
Durante el proceso de sostener la solicitud, quien solicita la patente debe ir realizando pagos. Por este motivo, conocer la factibilidad es crucial. Contar con una patente no es nada barato: dependiendo de los casos, si se quiere avanzar hacia la protección mundial de un invento, se pueden llegar a gastar cientos de miles de dólares.
Un ministro informado a medias
En el presente, para que un invento argentino pueda presentarse vía PCT para patentarse y tener las ventajas del Tratado (los 30 meses de gracia y no 12 meses, por ejemplo) tiene que acudir a lo que se denomina “un nacional PCT”, es decir, uno de los inventores titulares debe ser del país en el que se quiere presentar. Sobre ello, Codner destaca: “Sturzenegger dice que el socio, supongamos un investigador de Brasil, se queda con el 15 por ciento de la patente. Eso es mentira, del mismo modo cuando dice que el Conicet tiene problemas de control de sus patentes. En todo caso, pueden darse problemas sobre el control del negocio, ya que es muy difícil tener la capacidad de ver si alguien te está copiando el invento en los diferentes países. Le deben haber contado algunas cosas al ministro y él las repite sin entender”.
Comerci admite: “Parte de lo que dice Sturzenegger está distorsionado porque toca de oído y además con mala leche, pero el ingreso al Tratado es necesario. Hay 158 países, no podemos quedarnos afuera. Hasta China está adentro. Si hoy patentás en Argentina es muy difícil, porque no te reconoce nadie”. Y sigue con la explicación: “Si Argentina estuviera en el Tratado, una patente ingresaría a través de Argentina y no se requeriría de ningún socio. Si bien es cierto que habría que patentar y gastar dinero en cada uno de los países en el que se quisiera patentar, las tarifas son diferenciales. Con la situación actual, las veces que patenté, lo hice en Argentina y me fui a buscar un socio norteamericano que me pudiera bancar la patente allá. A cambio, le cedí una parte de la propiedad intelectual por algo que nunca hizo. Tan solo puso plata”.
Codner detalla la estrategia que armó años atrás para poder superar el obstáculo de que Argentina no estuviera dentro del Tratado. “Como a Conicet le costaba patentar en el exterior (porque Argentina no estaba en el Tratado), cuando pusimos en marcha Inis Biotech (empresa del Instituto Leloir), una de las cosas que hicimos fue crear una empresa en Delaware para que las patentes de los argentinos tuviesen una figura jurídica norteamericana y eso permitiera presentar la solicitud de patente vía el PCT”.
Comerci recuerda los motivos de que Argentina nunca ingresara al Tratado. “Fue el lobby de la industria nacional que en los 90 impidió el ingreso en el Tratado PCT. En su momento me pareció fantástico, porque confirió una política de protección, pero estamos en 2026 y un gran número de empresas farmacéuticas nacionales son multinacionales, exportan a un montón de países. Es un sector que ya es competitivo, quizás en el presente no requiere tanta protección. Otros sectores, como el textil, en cambio, podrían necesitar más protección”.