La postura de la organización terrorista Hezbollah representa el mayor obstáculo para la estabilidad del pacto, ya que no forma parte formal de las mesas de diálogo y declaró a través de sus líderes que no acatará ningún acuerdo surgido de estas conversaciones. Por su parte, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, dejó en claro que cualquier paz permanente está condicionada a la "retirada total" de las tropas israelíes de su territorio.
Desde el ámbito diplomático israelí, el canciller Gideon Saar sostuvo que no existen "desacuerdos serios" directamente con el Líbano, sino que el verdadero impedimento es la presencia e influencia iraní a través de Hezbollah. En la reunión, la embajadora libanesa también puso sobre la mesa la exigencia de detener las demoliciones de viviendas que Israel lleva a cabo en las zonas ocupadas del sur. A pesar de estas profundas tensiones, la administración Trump apuesta a que este plazo de tres semanas permita avanzar en temas estructurales como la demarcación de la frontera terrestre y la liberación de prisioneros.
Por el momento, el presidente Trump manifestó su intención de recibir próximamente en la Casa Blanca tanto al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como al presidente libanés, Joseph Aoun, para intentar sellar un acuerdo histórico que ponga fin a décadas de hostilidades.