Cuando se produjo el allanamiento de Suizo Argentina, Díaz manifestó conocer el procedimiento técnico necesario para realizar el blanqueo de claves de los correos electrónicos corporativos y allanar el camino de la Justicia, pero se negó a llevarlo a cabo. Invocó, para ello, carecer de autorización de los directivos y del abogado de la empresa presente en el lugar.
La posición asumida por Díaz generó que el operativo policial y judicial se extendiera por más de diez horas. Aquel día, por orden del juez Casanello, el empleado informático fue llevado a una sede policial, para sacarlo de la tensión que implicaba tener todas las miradas puestas sobre él durante un allanamiento y para hacerle saber que, como testigo, debía colaborar con la Justicia. Aun así, mantuvo su negativa. Esa actitud le valió una denuncia penal.
"No tengo autorización de los directivos ni del abogado", repitió una y otra vez Díaz, pese a que la orden judicial estaba debidamente notificada y su cumplimiento era obligatorio. Ahora, el fiscal Rivolo le atribuye el delito de desobediencia, figura que protege el normal funcionamiento de la administración pública y el respeto debido a las órdenes legítimas de autoridad competente.